UNIDAD

 

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CONTENIDO

 

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INDICADOR DE LOGRO

La perspectiva ética como ciudadanos de la tierra.

3.3 Establece con juicio moral, la responsabilidad individual y grupal en la implementación de estrategias a favor de la protección del medio natural en el que se desenvuelve (casa, centro escolar, comunidad).

 

3.4 Medidas de autocuido, convivencia armoniosa, protección de recursos naturales, consumo sostenible, entre otros, identificándose como ciudadano de la tierra.

VALORES A TRABAJAR

Solidaridad.

Definición de: Conciencia ecológica.

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DEFINICIÓN DE VALORES

SOLIDARIDAD: es una característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos. Podemos manifestar esta unión y cooperación, cada vez que procuramos el bienestar de los demás, participando en iniciativas que nos impulsen a servirles. (encuentra.com, 2017)

 

Para vivir la Solidaridad se requiere pensar en los demás como si fuera otro yo, pues no vivimos aislados y nuestros conciudadanos esperan que alguien se preocupe por el bienestar y seguridad de todos, tal vez de alguien como nosotros, como líderes emprendedores. (encuentra.com, 2017)

 

Pero, ¿podemos ser solidarios en materia ambiental? El valor que encuentra en la protección del medio ambiente una forma de servir a los demás. Es el valor que nos hace considerar y actuar en favor de la protección del medio ambiente, los recursos naturales y toda forma de vida, incluyendo la propia. Pensar en la naturaleza y la cultura ecológica tan de moda en estos tiempos, nos ubica en una situación un tanto incierta.

 

Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional. Cuando pensamos en la situación en que se deja el planeta a las generaciones futuras, entramos en otra lógica, la del don gratuito que recibimos y comunicamos. (Papa Francisco, 2015).

 

Video sugerido para reforzar el concepto solidaridad a través del cuidado del medio ambiente:

CONCIENCIA ECOLÓGICA:Se trata de la idea de proteger los espacios naturales, que estos sean un valor fundamental para la vida y que sea el ser humano el que se comprometa a protegerlos, porque es este el responsable de los daños causados en los ecosistemas.(Instituto de Ecología Política, 2013)

 

“Para despertar en nosotros una conciencia ecológica, hace falta reflexionar profundamente sobre el sentido que tiene toda forma de vida para nosotros, y en primera instancia, la nuestra”. (encuentra.com, 2015)

 

Al mismo tiempo surge la pregunta: ¿Qué tengo que ver yo con la ecología? Pese a las campañas y la abundancia de carteles, ese sentido de la distancia y no pertenencia a un medio ambiente determinado, nos hace seguir inmersos en nuestras ocupaciones, sin darnos el tiempo necesario para pensar seriamente en la importancia de vivir este valor tan necesario en nuestros días. (encuentra.com, 2015)

 

Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. (Papa Francisco. 2015).

 

Ahora podemos darnos cuenta, que el cuidado de nuestra persona y mejorar cualitativamente nuestros hábitos, nos llevará a conservar nuestro entorno inmediato en óptimas condiciones, y de esta manera, comprender en toda su extensión las grandes y pequeñas iniciativas ecológicas. (encuentra.com, 2015)

 

Esta es la clave y fundamento de este valor: considerar como propio todo lo que nos rodea. Así como tenemos especial cuidado por conservar nuestro hogar limpio, de igual manera deberíamos hacerlo en la calle, la oficina, los lugares de esparcimiento… tomando las precauciones y medidas necesarias para cada caso, en vez de quejarnos del deficiente servicio público de limpieza o la falta de conciencia de los conciudadanos. Una vez más, nuestro ejemplo constituye el punto fundamental para la transmisión de los valores. (encuentra.com, 2015)

 

¿Cuál es el resultado de la conciencia de este valor? Primeramente, la solidaridad que debemos a nuestros semejantes, tal vez no está en nuestras posibilidades acudir al sitio de una catástrofe, pero si podemos contribuir en la protección de nuestra comunidad; paralelamente surge el respeto por las personas y la naturaleza, que son inseparables y dependientes entre sí. Dicho de otra forma, representa el compromiso personal por servir a los demás, procurando espacios limpios que faciliten un modo de vida digno para todos. (encuentra.com, 2015)

ACTIVIDAD DIDÁCTICA

Lectura: La Madre Naturaleza: ¿Sobreviviendo a los humanos? (Aranda, 2017) (Ver anexo)

VALORACIÓN / REFLEXIÓN

¿Cuál es mi actitud frente a la dura realidad de nuestro medio ambiente?

¿Qué tipo de acciones hago para cuidar el medio ambiente?

¿Puedo mejorar mi actitud de cuidado del medio ambiente?

COMPROMISO
  • Hacer pequeños cambios diarios que ayudan al medio ambiente.

  • Hablar a otros de la importancia sobre el cuido del medio ambiente.

  • Promover acciones en casa y mi centro educativo a favor del medio ambiente.

HABILIDADES SOCIALES
  • Participar activamente.

  • Saber escuchar.

  • Pensamiento positivo.

  • Respetar las opiniones del grupo, esté o no de acuerdo con ellas.

EVALUACIÓN

Mientras los estudiantes leen el artículo presentado en la actividad didáctica:

Observar las reacciones de los educandos al proponerle la lectura.

Identificar las actitudes positivas y negativas de los educandos durante la lectura individual.

 

Posteriormente se abre un espacio de discusión grupal sobre lo leído, en base a las siguientes interrogantes:

Es demasiado dramático el artículo leído.

Si durante muchos años, el medio ambiente ha sufrido ¿valdrá la pena preocuparnos ahora?

¿Qué proponemos para cambiar la realidad de nuestro medio ambiente?

 

Durante esta actividad:

Analizar la actitud de los educandos frente a las interrogantes, tanto en sus opiniones como al escuchar las del grupo.

Observar la proactividad del educando al proponer soluciones.

ANEXO

 

Actividad: lectura “LA MADRE NATURALEZA: ¿SOBREVIVIENDO A LOS HUMANOS?”(Aranda, 2017)

 

Propósito: Desarrollar en los educandos sensibilidad en relación al medio ambiente y que ésta se convierta en motivo de acción para transformar la realidad.

 

 

Abrumados por tantas noticias y publicidad engañosa que hacen un equivocado uso del medio ambiente, la ecología y el cambio climático, me he topado con el problema de cómo hablar sobre la naturaleza y el hombre sin que el lector pierda interés. Y es que desafortunadamente, en general éste es un tema que llega a oídos sordos, y tal vez sea porque no lo sabemos expresar correctamente.

 

ENTENDIENDO EL PROBLEMA

 

Tal vez el problema está en que quienes hablamos de la problemática que existe entre los seres humanos y el medio ambiente, nos olvidamos totalmente que vivimos en un planeta tan dinámico, es decir, que -con o sin nosotros- el planeta sigue girando. Tal vez por ello sea tan sencillo ignorar las dificultades ambientales con las que nos encontramos diariamente y decidimos seguir con nuestras vidas como si nada sucediera, pues, de cualquier forma, la naturaleza sigue su curso a pesar de lo que hagamos, para bien o para mal.

 

Ahí radica el problema, pues ese mundo al que estamos acostumbrados tiene características que han sido moldeadas a lo largo de miles de millones de años, a través de fenómenos naturales extremos como los sismos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, la erosión causada por el viento y el agua, así como por la actividad de los mismos seres vivos. Considerando lo inteligentes que somos como especie, es difícil entender por qué olvidamos tan fácilmente que los cambios climáticos y los fenómenos extremos son parte natural de la vida del planeta.

 

Hace poco tuve una interesante discusión con mi padre, hablando del sombrío futuro que nos espera, y justo ese fue su argumento que me hizo reflexionar: siempre ha habido desastres naturales catastróficos, pero son tan poco frecuentes que los olvidamos fácilmente. En 1556 por ejemplo, hubo un gran terremoto que mató a más de 830 mil personas, y otro más mató a 600 mil en 1976, y nadie los recuerda. En 2004 murieron cerca de 230 mil personas a causa de un tsunami. La pregunta obligada es, ¿hemos cambiado en algo nuestra forma de vivir? Aún seguimos construyendo nuestras casas en las orillas de los ríos, de las playas y en zonas de alta sismicidad.

 

Es así como llego a la conclusión del porqué no hacemos nada para remediar los daños que le causamos al planeta, pues dada nuestra egoísta naturaleza humana, poco nos importa escuchar que “estamos consumiendo el planeta”, cuando en realidad estamos firmando nuestra sentencia de muerte al acabar con los recursos que nos mantienen vivos. Efectivamente, el planeta tierra seguirá aquí, y como toda acción tiene una reacción, el planeta sufrirá los cambios necesarios para alcanzar una nueva estabilidad, donde seguramente no figuraremos nosotros como especie.

 

SOBREVIVIENDO A LA NATURALEZA

 

Vale la pena que recordemos lo indefensos que somos ante las fuerzas naturales, como puede ser un gran terremoto, una sequía o una epidemia a gran escala. Creo que debemos preocuparnos por salvarnos a nosotros mismos, y haciéndolo adecuadamente todo lo demás tomará su lugar. Si usted, estimado lector ha llegado hasta éste último párrafo, no me queda más que felicitarlo, pues ha superado uno de los grandes defectos que nos caracterizan: la indiferencia.

 

No es necesario ser un sabio para saber que algo malo está sucediendo. El mundo está sometido a fenómenos naturales extremos, cuyos efectos se van a anticipar gracias a nuestra forma de aprovecharnos de la naturaleza. Es una gran presión que se acumula y que tarde o temprano estallará. No hay nada de malo en reconocer que las dinámicas naturales del mundo NO están en nuestras manos. Al reconocerlo, estaremos un paso adelante para poder interpretar todas esas señales silenciosas que la naturaleza nos da constantemente y que nos dice: “ten cuidado”. Debemos entender que, si no podemos ser la solución, igualmente no debemos ser parte del problema. Acciones sencillas que nos permitan aligerar el peso para que la naturaleza siga su curso. Planta un árbol y cuídalo el resto de tu vida, respeta la naturaleza y, sobre todo, ¡sé feliz!

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE EL SALVADOR

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