UNIDAD

 

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CONTENIDO

 

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CONTENIDO  

         

INDICADOR DE LOGRO

Mis responsabilidades y las de mi familia (Beneficios que proporciona el trabajo personal y el que desempeñan los miembros de la familia y del centro escolar).

4.3 Explica el trabajo como actividad fundamental para el bienestar individual y de los grupos.

4.4 Construye un inventario de responsabilidades que se realizan en casa y el centro escolar, y las vincula con el derecho a la participación de cada integrante de la familia.

VALORES A TRABAJAR

Trabajo, constancia y responsabilidad

Otros valores que se pueden trabajar son: Profesionalismo, desafío y disciplina.

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DEFINICIÓN DE VALORES

TRABAJO: El conjunto de actividades que son realizadas con el objetivo de alcanzar una meta, solucionar un problema o producir de bienes y servicios para atender las necesidades humanas. La palabra, como tal, proviene del latín tripaliāre, y esta a su vez de tripalĭum.

 

El trabajo, como tal, puede ser abordado de varias maneras y con enfoque en diversas áreas, como la economía, la física, la filosofía, la religión, etc.

 

El trabajo les da posibilidades a los hombres y mujeres para lograr sus sueños, alcanzar sus metas y objetivos de vida, además de ser una forma de expresión y de afirmación de la dignidad personal.

 

En este sentido, el trabajo es el que hace que el individuo actúe, proponga iniciativas y desarrolle y mejore sus habilidades.

 

El trabajo enseña al hombre a vivir y compartir con otras personas, a desarrollar conciencia cooperativa y a pensar en el equipo y no solo en sí mismo.

 

El trabajo sirve para que las personas aprendan a hacer las cosas con un objetivo determinado, ya desde temprano en la escuela.

 

Gracias al trabajo el ser humano comienza a conquistar su propio espacio, así como el respeto y la consideración de los demás, lo cual además contribuye a su autoestima, satisfacción personal y realización profesional”. (Siginificados, s.f.)

 

Trabajo infantil

El trabajo infantil es aquel realizado por niños y adolescentes que están por debajo de la edad mínima legal permitida para trabajar, según la legislación de cada país.

Pese a estar prohibido, debido a las dinámicas de explotación y maltratos a que es expuesto el menor, el trabajo infantil aún es practicado en algunos países donde, como consecuencia de situaciones de pobreza y escasez, los niños se ven obligados a ganarse el pan para sobrevivir o para ayudar a mantener a su familia”. (Siginificados, s.f.)

 

Trabajo en equipo

Como trabajo en equipo se denomina aquel que realiza un grupo de personas de manera coordinada y colaborativa, para alcanzar una meta o resolver un problema.

 

Es una forma de trabajar donde las funciones son distribuidas entre los miembros del equipo para desarrollar las tareas de manera conjunta de una forma más rápida, eficaz y eficiente.

 

Es fundamental en el ámbito organizacional, así como en diversos deportes, como el fútbol, el baloncesto o el voleibol, donde todos contribuyen para alcanzar los objetivos comunes”. (Siginificados, s.f.)

 

Video sugerido para reforzar el valor del trabajo:

CONSTANCIA: “Es la permanencia en una meta que se traza con el objetivo de culminarla con éxito. Es la virtud con la cual conquistamos las metas que nos proponemos y nos brinda las posibilidades de éxito. En este camino es natural que aparezcan tropiezos, pero la constancia es esa fuerza que supera el cansancio y el desánimo para continuar la lucha. Asimismo, esta virtud provee la determinación y la seguridad para identificar claramente el objetivo a conseguir y conservar la firmeza.

 

Vivir la constancia significa adquirir retos y cumplirlos, llevar a cabo las ideas, no cambiar de decisión ante el primer aprieto, terminar lo que se comienza, no dejar las cosas para después, no desalentarse ante las dificultades, saber esperar, hacer las cosas bien de principio a fin y mantener el máximo esfuerzo durante todo el tiempo.

 

La virtud de la constancia es tal vez la única vía para alcanzar los frutos y una vez se obtienen, la satisfacción recompensa todo esfuerzo realizado, puesto que se ha demostrado a sí mismo que se poseen capacidades tal vez desmeritadas, adicional a esto, se han liberado ataduras que impedían avanzar.

 

¿Por qué nos interesa fomentar la virtud de la constancia?

 

  • Porque la constancia es necesaria para lograr cualquier meta o hábito positivo.

  • Porque cualquier logro en la vida implica un esfuerzo sostenido que debe sustentarse en la fortaleza.

  • Porque el esfuerzo sostenido fortalece la voluntad, elemento indispensable en la vida de todo hombre o mujer maduros.

  • Porque la constancia se convierte en motivación para seguir adelante.

  • Porque la constancia en la superación de las dificultades conduce a la perseverancia.

  • Porque la constancia nos hace lograr las metas propuestas y por consiguiente nos induce a sentirnos satisfechos. El resultado será tener la convicción de poder cumplir a pesar de las dificultades.

  • Porque la constancia es un apoyo en la formación de la responsabilidad, que es saber responder a una misión a pesar de las dificultades o el tiempo.

  • Porque sólo quien persevera llega a la meta.

  • Porque una de las características de la personalidad madura es ser constante en sus determinaciones”. 

 

Video sugerido reforzar el valor de la constancia:

RESPONSABILIDAD: “Como valor social está ligada al compromiso. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad entre las personas. Toda responsabilidad está estrechamente unida a la obligación y al deber. Ambos conceptos constituyen la materia prima de la responsabilidad. 

 

Por medio de juegos o de actividades en grupos, es más fácil y más ameno enseñar el sentido de la responsabilidad a los niños y estarán más dispuestos a entender sus deberes y obligaciones. Ser responsable en el sentido global de la palabra significa:

  • Responsabilidad hacia uno mismo: Soy responsable de hacer realidad mis deseos, de mis elecciones y mis actos, de mi felicidad personal, de elegir los valores según los cuales vivo y de elevar el grado de mi autoestima.

  • Responsabilidad hacia las tareas a desarrollar: Soy responsable del modo en que distribuyo mi tiempo y realizo mis deberes y trabajos pendientes.

  • Responsabilidad en el consumo: Soy responsable de mis gastos, de cuidar mis cosas y de elegir los regalos de Navidad, cumpleaños...

  • Responsabilidad hacia la sociedad: Soy responsable de mi conducta con otras personas: compañeros de trabajo, familia, amigos y de comunicarme correctamente con los demás.

 

Pautas para que los niños aprendan a ser responsables

  • Cada vez que asignes una tarea a tu hijo/a y acepte el cumplimiento de la misma, es preciso que acepte cumplir también con la palabra dada.

  • Si te equivocas, acepta tus errores con humildad e invita a tu hijo a hacer lo que deba para volver a la senda correcta.

  • Enséñale el valor del auto compromiso. Es determinante en una persona responsable, ya que siempre se debe tener presente que se debe cumplir con las demás personas, sin olvidar que con la primera persona que se tiene un deber es con uno mismo”. 

 

Video sugerido para reforzar el valor de la responsabilidad:

ACTIVIDAD DIDÁCTICA

Leer el cuento “La abeja haragana”. (Ver anexo)

Contestar las preguntas que elabore el docente acerca del cuento. (Ver anexo).

VALORACIÓN / REFLEXIÓN
COMPROMISO
  • Realizar actividades que requieran mucho esfuerzo.

  • Fortalecer el valor de la constancia a través de actitudes positivas.

  • Actuar con responsabilidad en nuestras acciones.

HABILIDADES SOCIALES
  • Trabajar en equipo

  • Fomentar el respeto

  • Solidaridad con los compañeros

EVALUACIÓN
  • Reflexión sobre la hormiga trabajadora y contestar las preguntas relacionadas con el cuento “La abeja haragana”.

ANEXO

 

ACTIVIDAD 1

 

El docente leerá un cuento, y reflexionará con los estudiantes su contenido.

 

Cuento: La abeja haragana

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.

Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas, apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se la pasaban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren otros insectos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos de rozar contra la puerta de la colmena. 

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole: Compañera: es necesario que trabajes porque todas las abejas debemos trabajar.

La abejita contestó: Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.

 

No es cuestión de que te canses mucho respondieron, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos. Y diciendo así la dejaron pasar.

 

Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron: Hay que trabajar, hermana. Y ella respondió enseguida: ¡Uno de estos días lo voy a hacer!

 

No es cuestión de que lo hagas uno de estos días le respondieron, sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.

Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamo: ¡Sí, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!

No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido respondieron, sino de que trabajes. Hoy es 19 de abril. Pues bien: trata de que mañana, 20, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa. Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.

¡Pero el 20 de abril pasó en vano como todos los demás! Con la diferencia de que, al caer el sol, el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresuradamente hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se impidieron.

¡No se entra! le dijeron fríamente. intentó entrar en la colmena, pero de nuevo le cerraron el paso, ¡Yo quiero entrar!, clamó la abejita. Ésta es mi colmena.

Ésta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras, contestaron las otras. No hay entrada para las haraganas.

¡Mañana sin falta voy a trabajar!, insistió la abejita.

 

No hay mañana para las que no trabajan, respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

Y esto diciendo la empujaron afuera.

La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso tomarse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.

Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, al tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.

¡Ay, mi Dios!, clamó la desamparada. Va a llover, y me voy a morir de frío. ¡Perdón!, gimió la abeja. ¡Déjenme entrar!

Ya es tarde, le respondieron.

¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!

Es más tarde aún.

¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!

Imposible.

¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron: No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.

Y la echaron.

 

Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo una caverna.

Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.

En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacía tiempo, y que la culebra había elegido como su guarida.

Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por esto la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:

¡Adiós mi vida! Ésta es la última hora que yo veo la luz.

Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente la devoró, sino que le dijo:

¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.

Es cierto, murmuró la abeja. No trabajo, y yo tengo la culpa.

Siendo así, agregó la culebra, burlona, voy a quitar del mundo a un mal insecto como tú. Te voy a comer, abeja.

La abeja temblando, exclamó entonces: ¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.

 

¡Ah, ah! —exclamó la culebra, enroscándose ligero. ¿Tú conoces bien a los hombres? ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes son más justos, grandísima tonta?

No, no es por eso que nos quitan la miel, respondió la abeja.

 

¿Y por qué, entonces?

 

Porque son más inteligentes. Así dijo la abejita. Pero la culebra se echó a reír, exclamando: ¡Bueno! con justicia o sin ella te voy a comer, apróntate.

Se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:

Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.

¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? —se rio la culebra

Así es, afirmó la abeja.

Pues bien, dijo la culebra, vamos a verlo. ¡Vamos! hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te cómo.

¿Y si gano yo?, preguntó la abejita.

Si ganas tú, repuso su enemiga, tienes el derecho pasar la noche aquí, hasta que sea de día, ¿Te conviene?

Aceptado, contestó la abeja.

La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer la abeja. Y he aquí que hizo: Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semilla de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra. Los muchachos hacen bailar como trompos esas cápsulas, y los llaman trompitos de eucalipto. Esto es lo que voy a hacer, dijo la culebra. ¡Fíjate bien, atención!

Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín, la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.

La culebra se reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso. Entonces, te voy a comer, exclamó la culebra.

¡Un momento! Yo no puedo hacer eso; pero hago una cosa que nadie hace.

¿Qué es eso?, Desaparecer.

¿Cómo?, exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa. ¿Desaparecer sin salir de aquí?

Sin salir de aquí. ¿Y sin esconderte en la tierra?

Sin esconderme en la tierra.

Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como enseguida, dijo la culebra

El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyíto, con grandes hojas del tamaño de una moneda de cincuenta centavos.

 

Aquí, respondió la abejita, apareciendo súbitamente de una hoja cerrada de la plantita.

 

Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando, la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.

Nunca, jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calentita, lloraba entonces en silencio.

Cuando llegó el día, y salió el Sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.

 

Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:

No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez de mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como

todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche.

Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos —la felicidad de todos, es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja”. (Quiroga, s.f.)

 

ACTIVIDAD 2

 

Los alumnos sentados en sus pupitres y al haber escuchado el cuento, contestarán las siguientes preguntas.

¿Qué le paso a la abeja haragana?

¿Por qué la abeja no podía regresar a la colmena?

¿Qué se necesita tener para lograr el néctar de las flores?   

¿Qué mensaje les deja el cuento “la abeja haragana”?

¿Cómo podemos fomentar el trabajo con nuestros amigos?

¿Por qué es importante ser constantes en las actividades que emprendemos?

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE EL SALVADOR

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