UNIDAD

 

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INDICADOR DE LOGRO

Yo también opino (Espero mi turno para hablar y expreso mis ideas con libertad y respeto en la familia y el centro escolar).

4.4 Explica la importancia que poseen las necesidades individuales y compartidas para el progreso de un grupo social y de su desarrollo.

VALORES A TRABAJAR

Diálogo, libertad y tolerancia.

Otros valores que se pueden trabajar son: Respeto, convivencia, honestidad.

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DEFINICIÓN DE VALORES

DIÁLOGO: “Es el intercambio de opiniones e ideas entre dos o más individuos, realizada de una forma amable, pacífica y orientada al entendimiento mutuo de los involucrados.

 

Importancia del diálogo como valor

El ser humano es un ser gregario por naturaleza, es decir, que la necesidad de vivir con otros es un hecho inherente al hombre, lo cual ha originado que éste se organice en torno a una comunidad o sociedad. Sin embargo, esto no implica que constantemente no deba esgrimir estrategias que le permitan el desenvolvimiento armónico dentro de ese colectivo. Dentro de este tipo de acciones se encuentra el Diálogo, valor que es indispensable para cultivar una capacidad comunicativa asertiva y respetuosa que permita al individuo comunicarse y relacionarse de forma pacífica con sus semejantes.

 

Como resultado, un individuo que tenga el Diálogo incluido dentro de su sistema de valores será una persona que a la larga establecerá relaciones sociales amistosas, hecho que reforzará su sociabilidad y autoestima, al tiempo que le generará amigos y relaciones positivas con los otros humanos de su entorno.

 

Por su parte, a nivel social, el valor del Diálogo también se manifiesta positivamente. De acuerdo a lo que han señalado disciplinas como la Psicología, una sociedad donde la mayoría de los individuos profesen el Diálogo como valor, será una comunidad que tienda a resolver sus conflictos de forma pacífica, teniendo como meta guardar siempre el respeto a la diversidad de pensamiento y acción. En este sentido, se alejará también de la confrontación, las riñas, conflictos armados o represión de un bando sobre otro, evitando incluso la creación de dos polos irreconciliables, y por el contrario procurando la conformación de una sociedad multipolar, donde haya mucho tipo de posturas”. (El pensante, 2016)

 

Video sugerido para reforzar el valor del diálogo:

LIBERTAD: “Dado que la palabra libertad tiene varios significados, es necesario distinguir y aclarar cuáles son las diversas dimensiones de la libertad.

 

Libertad de constricción

La libertad se aplica en este caso al hecho de estar libre de impedimentos o de interferencias externas para hacer algo. Es la acepción de libertad que más se emplea. Es la autonomía, en contraposición con el control externo. Un adolescente ansía que sus padres le dejen un amplio espacio de libertad. Las industrias tratan de librarse de las restricciones del gobierno. El preso de la cárcel sueña en el día en que por fin podrá saborear una vez más la libertad. La libertad, aunque es un bien en sí misma, puede ser mal empleada. Cuando una persona pretende liberarse de toda responsabilidad y compromiso, comete un grave error, pues está tratando de evitar un ingrediente necesario para su realización como ser humano.

 

Otro peligro de este aspecto de la libertad es la posibilidad de ser manipulados: pensando que somos nosotros los que decidimos, en realidad es otro el que decide en lugar nuestro. Podríamos preguntar si la gente de hoy goza de mayor libertad que la del pasado. Es cierto que hoy tiene más capacidad para moverse; cuenta con modernos medios de comunicación instantánea y de procesamiento de información. Posee, además, un dominio más amplio sobre el medio ambiente y es capaz de ejecutar tareas que las personas de unas décadas atrás ni siquiera hubieran imaginado.

 

Sin embargo, en su vida personal, mucha gente se encuentra hoy confundida, insegura, incapaz de pensar por sí misma y de escapar del ruido, del bombardeo de imágenes y de sutiles mensajes generados por la sociedad y, especialmente, por los mass-media. Sus principios se ven atacados y encuentran poco apoyo cuando tratan de vivir coherentemente como seres humanos. En consecuencia, muchas de sus acciones, opciones y preferencias son determinadas por la moda, la opinión pública y las tendencias políticas. Esta manipulación se lleva a cabo con frecuencia impactando directamente nuestras emociones y evadiendo el proceso ordinario de una elección racional. Para asegurar nuestra libertad, debemos defender nuestra independencia de estas presiones externas.

 

Libertad de elección

Tú eres el autor de tus acciones. Cuando vas al supermercado o hablas con tu vecino o visitas a un amigo en el hospital, estás ejercitando tu libertad en una serie de actos conscientes. Ahora mismo tú y yo estamos escribiendo nuestra propia historia. Esta dimensión de la libertad es la posibilidad, que se opone a la necesidad. La necesidad es aquello que no podría ser de otro modo. Los actos humanos jamás están sujetos a la necesidad, porque cada acto verdaderamente humano es libre. Las personas son libres. Las cosas son necesarias. Bajo esta luz, la libertad consiste en el dominio que ejerce una persona sobre sus acciones.

 

Nuestra libertad abarca también la realización de un proyecto vital. Cada uno elige libremente lo que quiere ser en la vida. Una persona honesta es honesta por elección, no por obligación. Nos estamos refiriendo aquí a la auto-determinación, que es contraria al determinismo. Hoy día, como en el pasado, algunos sostienen que el ser humano se encuentra inexorablemente determinado por factores externos a su voluntad. Los que profesan el determinismo biológico señalan que nuestras decisiones están inscritas anticipadamente en nuestro código genético. Otros hablan de condicionamientos culturales y sociales, que determinan nuestra forma de pensar y de escoger.

 

Hay que reconocer que estas posiciones tienen una pequeña dosis de verdad. Hay factores biológicos y sociales que influyen hasta cierto punto en nosotros. Pero esto no quiere decir que supriman nuestra libertad; aunque haya influencias externas, nuestras decisiones son nuestras. Resulta más cómodo culpar a otro de nuestras caídas, pero en el fondo sabemos que la responsabilidad es nuestra. Por esta misma razón, nuestras buenas acciones merecen recompensa, pues las realizamos libremente, aunque tengamos posibilidad de obrar diversamente.

 

La libertad es algo más que un deseo. Es la capacidad para realizar ese deseo. Podrías querer, tal vez, no morir jamás, o tener dos metros de estatura, pero no podrás optar por esto porque no tienes el poder para realizarlo. Sólo podemos escoger aquellas cosas cuya realización está dentro de nuestras posibilidades.

 

Libertad para actuar

La verdadera liberación consiste en algo más que quitar los escombros de nuestra pista vital o romper las cadenas que nos mantienen cautivos. Si descombramos la pista es para iniciar el despegue. Si desencadenamos a alguien es para que pueda vivir su vida y realizar sus sueños. Lo que pretendemos al librarnos de las constricciones es gozar de la libertad para actuar. La libertad invita a la actividad, a la consecución de una meta. Si tengo libre el viernes por la noche... implica que tengo libertad para hacer algo -se sobreentiende que queremos hacer algo-.

 

La libertad exige compromiso, realización. Si tengo un par de horas libres el viernes por la noche, pero no hago nada, me parezco a esas gallinas acurrucadas en el gallinero, esperando algo que empollar. Queriendo aprovechar el tiempo, más bien pensaría: Por fin tengo un par de horas libres, así es que puedo... seguir armando aquel modelo de aeroplano, terminar de leer «El Quijote de la Mancha», escribir a la tía Sara. El dinamismo de la libertad se concreta en una decisión y en una actividad, las cuales se contraponen a la indecisión y a la pasividad. La libertad es libertad sólo cuando se aprovecha para hacer algo, cuando se ejercita.

 

En este nivel, lo contrario de la libertad es la pasividad y la falta de compromiso. En nuestros días se ha difundido el miedo al compromiso. Muchos deciden «no decidir», porque tienen miedo de optar equivocadamente. Esas personas se aprisionan voluntariamente en la cárcel de su propia inseguridad y temor al futuro. Por querer dejar abiertas todas las opciones, ellas mismas cierran las puertas de su plena realización como personas. Pretenden comer el pastel y conservarlo a toda costa, sin sacrificar ninguna de estas dos opciones. Podría formularse en estos términos el silogismo que respalda la moderna postura del no-compromiso:

 

1. Lo más importante es ser libre.

2. Si ejercito mi libertad (y me comprometo), limito mis opciones y disminuye mi libertad.

3. Por tanto, no me comprometeré.

 

La libertad humana no consiste en la ausencia de compromisos, sino en la capacidad para comprometerse y perseverar en ese compromiso. Nos realizamos cuando nos comprometemos libremente como personas y vivimos coherentemente los compromisos que hemos asumido. ¿Acaso una mujer ha perdido su libertad porque ahora tiene cuatro hijos? ¿Acaso ha encontrado un hombre la llave de la libertad perpetua porque a los 43 años sigue sin graduarse del bachillerato y sin buscar trabajo? Obviamente no. Como veremos, el hecho de desconectarnos de los demás, de evitar las ataduras del amor, de las amistades y de la responsabilidad, no es el camino para lograr nuestra realización personal. Es precisamente en la donación de nosotros mismos donde se realiza y completa nuestro potencial como seres humanos”. (Williams, s.f.)

 

“No es lo mismo ser libre que usar correctamente la libertad. Apreciamos, con razón, la libertad en sí misma y reconocemos que es bueno ser libres. La libertad nos ennoblece como seres humanos y nos permite participar en cierto modo de la libertad de Dios. Sin embargo, podemos también abusar de la libertad. Si existen leyes, policías y prisiones es porque existe la posibilidad real de que usemos mal nuestra libertad. En cierto momento, estas instituciones se colocan delante de uno y le dicen: Lo siento, amigo, has ido demasiado lejos. Te has pasado de los límites”. (Williams, s.f.)

 

“La libertad necesita de los valores. Ella sola me ofrece únicamente la posibilidad de actuar, mientras que los valores me dan la razón o el motivo para actuar. Si soy totalmente libre, pero carezco de valores, ¿qué haré? Mi libertad no me lo dirá. Simplemente me responderá: «Puedes hacer cualquier cosa». Mis valores son los que me moverán, los que me dirán: «Haz esto. Esto es bueno; es correcto; es importante». Los valores son los que atraen mi voluntad; la libertad permite que mi voluntad se mueva hacia esos valores. Mi voluntad desea y, porque es libre, es capaz de ir en busca de sus deseos.

 

También es útil distinguir entre libertad y derechos. La libertad no es una especie de calcomanía cósmica que certifica que todas mis acciones son buenas y lícitas en la medida en que son libres. La libertad no es lo mismo que el derecho de hacer algo, aunque los dos se confunden con frecuencia. «¡Puedo hacer lo que me plazca! ¡Este es un país libre y soberano!». El hecho de que sea libre para hacer algo (sin constricción) no me da derecho para hacerlo. Soy libre para matar a una persona -tal vez nadie me lo podrá impedir físicamente-, pero no tengo derecho de matar

 

La libertad, en sí misma no justifica nada. Si Antonio dice a su hermano: «Francisco, no debes cometer adulterio. Debes ser fiel a tu esposa»; y Francisco le contesta: «¡Puedo hacer lo que yo quiera! ¡Para eso soy libre!», esta respuesta está fuera de lugar, y tiene muy poco que ver con el consejo de su hermano. Nadie está poniendo en duda la capacidad de Francisco para hacer esto o aquello. Todos somos capaces de obrar como bestias, pero no debemos actuar como bestias, ni tenemos derecho de hacerlo”. (Williams, s.f.)

Video sugeridos para reforzar el valor de la libertad:

TOLERANCIA: “Es uno de los valores humanos más respetados y guarda relación con la aceptación de aquellas personas, situaciones o cosas que se alejan de lo que cada persona posee o considera dentro de sus creencias. Se trata de un término que proviene de la palabra en latín “tolerare”, la que se traduce al español como “sostener”, o bien, “soportar”.

 

Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona...

 

La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

 

Se considera generalmente la tolerancia como una virtud, pues tiende a evitar los conflictos”. (La Tolerancia, 2011)

 

Video sugerido para reforzar el valor de la tolerancia:

ACTIVIDAD DIDÁCTICA

Propósito

Qué los estudiantes opten por la comunicación como vía para entenderse con los demás y resolver diferencias y conflictos.

Juego: “El sombrero que habla” (Ver anexo).

Cuento: “El niño que se enfadaba por todo “ (Ver Anexo).

VALORACIÓN / REFLEXIÓN
COMPROMISO
  • Participar en clase expresando sus ideas y puntos de vista.

  • Proponer soluciones ante situaciones que afecten la armonía y convivencia del grupo.

  • Esperar el turno de palabra para intervenir en conversaciones.

HABILIDADES SOCIALES
  • Empatía

  • Asertividad.

  • Comunicación

  • Autocontrol

  • Comprensión de situaciones.

  • Resolución de conflictos.

  • Ser buen amigo

  • Autocontrol

  • Negociación

  • Tolerancia y paciencia

  • Aprender a escuchar y respetar el turno de hablar.

  • Aprender a expresarse ante otros.

EVALUACIÓN
  • Los niños se respeten los unos a los otros para una buena convivencia.

  • El juego refuerza, en cada uno, la importancia del diálogo y la comunicación.

  • Saben cómo expresarse con los demás.

ANEXO

ACTIVIDAD 1

Juego: El sombrero que habla

 

Descripción de la actividad

 

Hacer tarjetas con dibujos. Estos dibujos pueden ser escenas (un lobo comiéndose una gallina o una oveja), animales (animales corriendo, en corrales, animales domésticos, etc.), profesiones (doctor, enfermero, arquitecto, contador, abogado, psicólogo, etc.), entre otras. (El docente tiene la libertad de decidir sobre que escenas hacer las tarjetas.) y tener un sombrero o gorra.


Los estudiantes deben sentarse en ronda. El sombrero o gorra deberá estar a la vista de todos y las tarjetas boca abajo sobre el centro del círculo en una mesa.

 Se les debe explicar a los estudiantes lo siguiente: “Este juego sirven para que aprendamos cuándo hablar y cuándo debemos callar”.

Luego se llama a uno de los estudiantes y se le coloca el sombrero. Se le pide que saque una tarjeta de la mesa y que la lea (o que muestre el dibujo).

A partir de este momento, el docente debe colocar el reloj marcando 1 o 2 minutos. Luego el estudiante que tiene el sombrero es el que debe expresar sus ideas, opiniones sugerencias, oposiciones, etc. respecto del tema de la tarjeta. Ningún otro estudiante puede hablar mientras el otro niño tenga el sombrero puesto.

Una vez transcurrido el tiempo, entonces se podrá quitar el sombrero y pasarle el sombrero a otro estudiante, al que este a su lado, y comenzaremos de nuevo quien debe opinar sobre la tarjeta anterior o bien sacar una tarjeta nueva.

Es importante que los estudiantes se sientan motivados a hablar en relación a los temas de las tarjetas.

La dinámica del juego se complejiza a medida que vayan pasando los estudiantes con el sombrero y se sumen diferentes opiniones respecto de un tema en particular. Cada estudiante no solo debe opinar sobre la tarjeta, sino que también debe recordar las diferentes opiniones de los otros compañeros. Esto lo puede hacer tomando nota o bien memorizando cada idea. La finalidad no es que recuerde detalladamente cada opinión, sino que recuerde las diferentes posturas, las respete y exprese su valoración con respeto en caso de estar en desacuerdo con alguna. Preguntar:

¿Cómo se sintieron al poder expresar sus opiniones?

¿Qué sucede si todos hablamos al mismo tiempo?

 

 

ACTIVIDAD 2

Cuento: El niño que se enfadaba por todo

 

Adam era un niño que se enfadaba por todo. Se enfadaba cuando no quería irse a dormir, se enfadaba cuando le controlaban las horas de jugar a los videojuegos, se enfadaba cuando no le daban las cosas que él quería.

 

Cuando Adam se enfadaba chillaba, daba portazos, pegaba puñetazos a la pared, rompía y tiraba cosas al suelo.

 

En el colegio se metía en peleas por sus frecuentes enfados. La madre siempre le explicaba que cuando ella se enfadaba no insultaba, no gritaba ni agredía a nadie, pero a Adam le daba igual los consejos de su madre.

 

Como Adam no sabía controlar sus frecuentes enfados la madre le propuso un juego:

 _ ¿Hijo podemos jugar al semáforo?

_ ¿Qué juego es eso mamá? _ preguntó Adam viendo la tele en su habitación muy enfadado.

_ Es un juego que te ayudará a controlar tus emociones _ explicó la madre.

_ ¡Mmmm! ¡No sé…, creo que será aburrido! _ dedujo Adam.

Pero la madre con palabras dulces logró convencerle. Se sentaron en el suelo con unas cartulinas e hicieron varios semáforos. Luego los pegaron en la habitación, en el salón, en la cocina y en el baño.

 Desde ese momento cuando la madre le decía que ya era hora de parar de jugar a los videojuegos Adam se enfadaba, pero seguidamente leía el semáforo de su habitación que decía:

 

_ ROJO. Para, no explotes de enfado.

 

Luego cuando iba al baño y se había terminado el papel de baño, Adam se enfadaba, pero leía el semáforo que decía:

 

_ AMARILLO. Piensa qué puedes hacer para solucionar lo que pasa.

 

También cuando entraba en la cocina y encontraba a su madre preparándole una comida que no era su favorita, Adam se enfadaba, pero leía el semáforo que decía:

 

_ VERDE. Actúa sin gritar ni chillar.

 

Con el juego del semáforo cada día Adam iba aprendiendo a controlar sus emociones y recuperando los amigos que había perdido por sus frecuentes enfados.

 

Descripción de la actividad

 

Al escuchar el cuento reflexionar sobre:

¿Consideran que el niño participo dando sus opiniones y tomando sus decisiones?

¿Por qué?

¿Qué decisiones tomo?

Reflexionar sobre lo siguiente:

¿Los adultos resuelven sus problemas y les dan la posibilidad de opinar y decidir?

¿Tienen ustedes derecho a opinar?

¿Cómo se sintieron al poder expresar sus opiniones?

¿Sobre qué pueden opinar ustedes?

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE EL SALVADOR

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